Costa Rica ha visto crecer, año tras año, los esquemas de inversión que prometen ganancias extraordinarias en poco tiempo. La mayoría comparte la misma estructura básica, aunque cambien los nombres y las caras.
El esquema Ponzi disfrazado
El clásico: a los primeros inversionistas se les paga con el dinero de los nuevos, no con ganancias reales. Mientras entra plata fresca, el esquema parece funcionar. Cuando el flujo se frena, colapsa y la mayoría pierde todo.
La “administración de capital” a discreción
Te piden entregar dinero para que un tercero lo invierta “a su criterio”, sin rendición de cuentas verificable. Un contrato y hasta un pagaré dan apariencia de seguridad, pero si no podés auditar dónde está tu dinero, no tenés control real.
Promesas de rendimiento imposibles
Si alguien te ofrece 10%, 20% o más al mes, alejate. Ninguna inversión legítima sostiene esos retornos. La promesa desproporcionada es la carnada principal.
Cómo protegerte
Verificá la identidad y el historial de la persona o empresa, exigí información auditable, desconfiá de la presión por decidir rápido y nunca inviertas más de lo que podés perder. Ante la duda, consultá con un profesional financiero independiente.
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